
La vida cotidiana en el campamento: organización y precariedad
Los primeros meses fueron de pura intemperie: las familias durmieron al aire libre o bajo plástico y nylon, cocinaban en fogones improvisados sobre la tierra y resolvían al descubierto todas sus necesidades básicas. Con el tiempo, y con la ayuda de los habitantes de ejidos y comunidades mexicanas como El Desengaño, en el municipio de Candelaria, Campeche, de organizaciones civiles también mexicanas y de la Iglesia Católica, construyeron viviendas de bahareque y palma. Pero casi nueve años después, el campamento sigue sin luz eléctrica, sin agua potable ni agua corriente; el único cuerpo de agua disponible está contaminado y provoca enfermedades de la piel y del estómago. El gobierno instaló una base militar en el terreno donde antes estaba la escuela de la comunidad (a estasos dos kilómetros y medio del campamento), y la presencia de soldados sigue generando miedo, las casas de carrizo y palma ofrecen poca protección. Para sobrevivir, los hombres trabajan como jornaleros en El Desengaño, las mujeres bordan servilletas para vender y algunas familias migran temporalmente para el corte de tomate en Campeche; sembrar del lado guatemalteco sigue estando prohibido por ser área protegida, y quienes lo intentan arriesgan hostigamiento, cárcel o incluso la vida.
“Como a los 20 días vino la Comisión Interamericana aquí, a verificar si era cierto, y cabal era cierto. El ejército patrullaba ahí cerquita, donde iban a lavar las señoras en la laguna.” — Don Tino, 24 de enero de 2024.
“Ya en septiembre teníamos la medida cautelar aquí, que ya los soldados podrían retirarse. Pero sí había miedo.” — Don Tino, 24 de enero de 2024.
Fotografía: Xaber Santaquiteria Echarri, enero 2026
